Las enseñanzas del Mono Mexicano

Si leyeron el post que hice sobre el workshop de Kyle Hepp, sabrán que ese día marcó un antes y un después en mi carrera como fotógrafo. Me abrió los horizontes de lo que era posible y me animó a explorar sus límites. De inmediato mis fotos mejoraron. Fue casi mágico. No me enseñaron ninguna técnica secreta ni un nuevo truco en photoshop, sino que me dieron el alimento necesario para permitir que mi creatividad despegara. Gracias a ese día estoy convencido que la inversión más importante que puedo hacer no es en cámaras o lentes nuevos, sino en mí educación, porque de nada sirve tener el mejor equipamiento del mundo, si no tengo algo que decir: un estilo, una visión personal.

Entonces llegó Fer Juaristi, el mono mexicano (él se puso el sobrenombre).

Para que se hagan una idea de quien es Fer, sólo diré que el tipo pasó en sólo 3 años de hacer matrimonios muy tradicionales en Monterrey, a viajar por el mundo tomando fotos ridículamente creativas en lugares sorprendentes. Sí, le pagan por viajar y tomar fotos. Fer es un maestro. Para que se hagan una idea, es como el Messi de la fotografía de bodas, pero sin la timidez social. Simplemente Wow!

El workshop de Fer iba a ser increíble, pero había un solo y pequeño problema: yo no podía ir.

En agosto anunciaron que Fer vendría a Chile a realizar un workshop. La comunidad de fotógrafos se volvió loca y comenzaron a reservar sus cupos. Yo no hice nada porque no tenía plata y sentía que todavía me quedaba mucho por aplicar de lo recién aprendido en el workshop de Kyle, por ende, era innecesario. En retrospectiva, fue una pésima decisión.

A un día del workshop y sumido en mi más profundo arrepentimiento, hablé con mi amigo Fernando Ramírez para ponernos al día, ya saben, como hacen los amigos. Al final de la conversación le comenté de casualidad que me sentía un idiota por perderme el workshop de Fer Juaristi y que daría lo que fuera por ir. Se produjo un silencio por unos momentos y Feña me dice: “mmm… Guille, ¿quieres mi cupo? Me salió algo importante y no podré ir al workshop. Anda tú en mi lugar y luego me cuentas qué aprendiste“. Pasó por mi cabeza la idea de explicarle que no era necesario o que no podía aceptar tal regalo, pero la emoción sepultó esa idea y simplemente grité “SIIII” como una quinceañera. Al día siguiente estaba sentado frente al ídolo mexicano junto con 20 otros amigos fotógrafos. Me sentía como un cabro chico en navidad.

Fer es un tipo muy simpático. Tal vez la persona más amigable que conozco. Además es humilde y súper aterrizado en su manera de ver la vida. Por ejemplo, una de las primeras cosas que habló fue de sus prioridades. En primer lugar el es Padre de dos enanos. Luego es amigo de sus amigos y recién en tercer lugar es un fotógrafo. Para él sus clientes son importantísimos, pero no son su prioridad número uno. Su familia lo es.

Su historia se caracteriza por romper esquemas. Viene de una familia de doctores muy tradicional en Monterrey que lo veían un poco como la oveja negra, porque en vez de estudiar medicina como sus hermanos, quería ser músico y siempre fue malo para cualquier actividad académica. Eventualmente la oveja negra encontró trabajo tomando fotos en matrimonios, pero al cabo de un par de año estuvo a punto de abandonarlo, porque estaba harto de tomar las fotos tradicionales que le pedían. Sintió que había vendido su alma y no lo aguantaba.

Por suerte su señora lo animó a seguir en los matrimonios, pero probando algo diferente: cuando fuera a su próximo evento haría un 80% de fotos tradicionales y un 20% de  fotos que sí le gustaran. La fórmula resultó tan bien que al año siguiente la invirtió: 20% de fotos tradicionales y 80% de fotos a lo Fer Juaristi. Luego se dedicó a mostrar sólo las fotos que al le gustaban en su web y poco a poco comenzó a llamar la atención de novios que buscaban algo diferente, que estaban en sintonía con sus locuras visuales. Estos eran novios que no se limitaban al área de Monterrey, sino que eran gringos que decidían celebrar sus bodas en México u otros continentes. Así Fer comenzó a viajar y llamarse un “fotógrafo internacional de bodas”.

Lo que Fer aprendió es  que él no quiere ser el fotógrafo de las masas. No quiere ser McDonalds, sino un chef especializado al cual tu visitas porque confías ciegamente en su visión y habilidad para sorprenderte con sus platos. El quiere ser único y que sus fotos dividan a la audiencia: las amas o las odias, pero algo te harán sentir.

Por eso en su workshop nos taladró en el cerebro que lo que nos hace únicos no son nuestros equipos, sino nuestra visión, cómo vemos el mundo y cómo decidimos capturarlo. Eso es lo que nos diferencia y nos hace especiales.

Fer: “Mi trabajo es una extensión de quien soy, por eso sean quienes son aunque sean garabateros, raros, formales o lo que pinche se les dé la gana”.

El workshop de Fer fue como tragar una malteada de ají picante con cafeína a la vena: Me llenó de energía! Ahora estoy sediento por ser mucho mejor, por encontrar mi estilo en cada foto que tomo y, por sobre todo, contar la historia de las parejas que deciden confiar en mí para documentar su matrimonio. Como bien dijo Fer, “estamos vendiendo una puta promesa“, por eso es nuestra responsabilidad llegar a tu matrimonio y romper tus expectativas con fotos tan bakanes que protejerás por el resto de tu vida.

Lo que a mí motiva, mi visión al menos, es conocer a mis novios. Entender su dinámica y lograr de alguna manera capturar en una foto cómo se sienten. Las fotos se vuelven cada vez más importantes a medida que pasan los años, por eso siempre me pregunto ¿cómo puedo tomar esta foto de manera que en 50 años tus nietos las vean y se sientan parte de tu matrimonio? ¿cómo puedo transportarlos?

Me hace muy feliz ser el encargado de crear los recuerdos de familias que todavía no han nacido. Crear el mejor documento posible de quiénes son ustedes y cómo vivieron ese día es mi meta.

Le quiero agradecer a Fer por romperme los esquemas y animarme a más. Eres una inspiración cabrón!

Fabiola Soto - Lindo trabajo, linda página y súper interesante lo que te dejó el workshop de este mexicano. Transmites todo lo que te provocó. Genial! 🙂 Slds.

La sesión mojada de la Maru y Seba » Guillermo Alessandri Fotografía - […] del GAM (el antiguo edificio Diego Portales). Quedé con las ganas de sacar fotos ahí desde que Fer Juaristi demostró sus habilidades en este […]

Tu mail nunca publicado o compartido.. Espacios necesarios aparecen destacados *

*

*